Deconstruir tu historia será igual de importante que contarla

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Harold Jarche escribió hace un tiempo un post que me caló. Jarche escribió que aunque la habilidad para contar una historia es importante, en la era de la red (network era) ser capaz de deconstruir esa historia será igual de importante.

En este mundo lleno de salas de espejos en el que parece que la perfección es la meta, aprender a deconstruir historias, propias y ajenas, será una habilidad cada vez más importante.

Llámalo espíritu crítico o llámalo desconfiar de la historia que te estás contando, deconstruir historias me parece una actitud la mar de sana.

Con esto no quiero decir que haya que convertirse en un témpano de hielo frío y calculador. Para nada. Lo que digo es que cuando uno está perdido conviene hacer un kit-kat del día a día para poder bucear en las preguntas fundamentales:

  • ¿Quiénes somos? (identidad).
  • ¿En qué creemos de verdad? (valores)
  • ¿Qué estamos intentando cambiar, por qué es importante para nosotros y que vamos a hacer para que ese cambio se haga realidad? (Aspiración e intención).
  • ¿Cuál es nuestro trabajo? y, ¿para qué trabajamos? (Valor y propósito).

Pocas veces dedicamos tiempo a contemplar estas preguntas fundamentales pero hacerlo me parece, valga la redundancia, fundamental. En la vida y en el trabajo.

No son preguntas fáciles de contestar, ni preguntas cuya contestación se nos aparezca por arte de magia si antes no estamos dispuestos a experimentar y a “desconfiar” de nosotros mismos. Si, sí, has leído bien, desconfiar de ti mismo.

A veces las cosas no son como crees. Otras veces pasa que hacer este ejercicio solo, a lo autodidacta, no funciona, y necesitas ayuda para descubrirlo. Te lo digo por experiencia. Creo que por eso a veces no damos valor a nuestra experiencia y no la contamos. Porque creemos, erróneamente, que nuestra experiencia no tiene valor. Eso nos limita.

Cuando sintamos que la historia que nos estamos contando no la sentimos como propia, cuando nos faltan las palabras, esa suele ser una buena señal de que hay que parar a revisar la presión de las ruedas.

Tampoco hay que obsesionarse con este proceso. Recomiendo tomarse este tipo de deconstrucción-indagación de nuestra propia historia-experiencia como si fuésemos ángeles, es decir, a la ligera. Como nos pasemos analizando, te lo digo por experiencia, la magia se esfuma. Hay que ser paciente. Mi recomendación es practicar la filosofía sueca, ni demasiado, ni demasiado poco, Lågom.

¿De qué sirve ir a toda velocidad si no sabes en qué dirección vas?

Hay momentos en la vida en los que nos perdemos y no sabemos a donde vamos. Si en ese momento logramos parar, calibrar nuestra brújula y re-calcular nuestro norte, puede que sigamos sin saber cuál es nuestro destino final pero al menos podremos seguir avanzando con mayor intención y conexión con nosotros mismos y nuestro entorno.

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filmatu

Perfectamente imperfecto. Polivalente y cercano. Pongo en valor la propuesta de eventos mediante la creación y difusión de contenidos en directo en redes sociales con perfil corporativo.

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